Lima, febrero de 2026.- A pocas semanas del inicio del año escolar, el regreso a clases vuelve a poner en primer plano un factor clave para la seguridad infantil: el ejemplo que reciben los niños en la vía pública. Especialistas advierten que muchas conductas de riesgo no nacen en la calle, sino en casa, cuando los menores replican lo que observan a diario en los adultos con los que se desplazan.
Desde el Touring y Automóvil Club del Perú se alerta que los niños aprenden principalmente por imitación y no por discursos aislados. “Si el adulto cruza mal una calle o no respeta una señal, el menor interioriza que esa es la forma correcta de actuar”, explica Saida Jerí, jefa de Movilidad de la institución. Esta dinámica resulta especialmente peligrosa en contextos de alto tránsito, como los alrededores de los colegios.
El ejemplo adulto y su impacto en la seguridad infantil
Durante los primeros años de vida, los niños construyen patrones de comportamiento que luego reproducen de manera automática, incluso cuando no están acompañados. En ese proceso, las prácticas cotidianas —correctas o incorrectas— se convierten en referentes de normalidad. Por ello, acciones aparentemente menores, como apurarse para cruzar fuera del paso peatonal o ignorar un semáforo, pueden derivar en situaciones de riesgo real.
La advertencia cobra mayor relevancia en el marco del regreso a clases, cuando miles de escolares incrementan su exposición a la vía pública, ya sea caminando, usando transporte público o desplazándose en vehículo particular. A medida que ganan autonomía, la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace resulta determinante para su seguridad.
Los 7 malos hábitos más frecuentes en la vía pública
El Touring identificó siete conductas que los adultos suelen cometer y que, al ser imitadas, ponen en riesgo la integridad de los niños:
- Cruzar la pista fuera del paso peatonal o hacerlo de manera temeraria.
- Caminar usando el celular mientras se lleva a un niño de la mano, reduciendo la atención al entorno.
- No respetar la luz roja del semáforo, normalizando el incumplimiento de las normas.
- Viajar en auto sin un sistema de retención infantil, exponiendo a los menores ante cualquier incidente.
- Sacar la mano u otra parte del cuerpo por la ventana del vehículo, conducta que los niños tienden a imitar.
- Estacionar en zonas rígidas o frente a colegios, generando congestión y riesgos adicionales.
- No respetar los asientos reservados en el transporte público, afectando la convivencia y el orden vial.
Cada una de estas acciones, repetida en el tiempo, construye una percepción distorsionada del riesgo y debilita la cultura de prevención desde edades tempranas.
Zonas escolares: espacios que requieren mayor prevención
Las cifras respaldan la preocupación. De acuerdo con el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, alrededor del 10 % de los siniestros viales fatales se registra en entornos cercanos a zonas escolares. Este dato evidencia la necesidad de reforzar la vigilancia, la señalización y, sobre todo, la educación vial en estos espacios.
En ese sentido, especialistas coinciden en que la seguridad no depende únicamente de la infraestructura o de la presencia policial, sino también del comportamiento de peatones y conductores. El rol de los padres y cuidadores resulta decisivo para reducir la exposición al peligro durante el regreso a clases.
Educación vial desde casa: claves para un retorno seguro
Saida Jerí subraya que los primeros años son determinantes para desarrollar la percepción del riesgo. Recomienda reforzar en casa reglas simples pero constantes, como mirar a ambos lados antes de cruzar, respetar el semáforo y utilizar únicamente zonas señalizadas. Estas prácticas, repetidas de forma coherente por los adultos, ayudan a que los niños las adopten como hábitos permanentes.
Además, los días previos al inicio del año escolar son una oportunidad para conversar con los hijos sobre situaciones de riesgo, practicar recorridos seguros hacia el colegio y explicar por qué ciertas normas existen. Este acompañamiento resulta clave, especialmente cuando los menores comienzan a desplazarse con mayor autonomía.
Fortalecer la educación vial en el entorno familiar no solo contribuye a un regreso a clases más seguro, sino que también sienta las bases de una ciudadanía responsable y consciente del cuidado propio y del prójimo.
