Lima, mayo de 2026.- La enseñanza va mucho más allá de transmitir conocimientos en un aula. Para especialistas en educación, el verdadero impacto de un docente se refleja en la manera en que influye en la confianza, las decisiones y el desarrollo personal de sus estudiantes a lo largo del tiempo.
En ese contexto, el rector de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP), Jonathan Golergant, compartió una serie de reflexiones y recomendaciones orientadas a fortalecer el rol formador de los docentes y destacar la importancia de las interacciones cotidianas dentro del entorno educativo.
“Una de las cosas que más me entusiasma de enseñar es el impacto silencioso que podemos tener en la vida de tantas personas”, señaló.
El especialista destacó que la labor docente no se limita únicamente a enseñar contenidos académicos o habilidades técnicas, sino que también implica acompañar procesos personales y emocionales que influyen directamente en el futuro de los estudiantes.
La importancia del rol formador en la docencia
Golergant explicó que cuando un docente enseña con interés genuino por sus estudiantes, el alcance de su trabajo se amplía significativamente.
“Cuando enseñamos con interés genuino por el otro, ampliamos el alcance de lo que ocurre en el aula”, afirmó.
En esa línea, sostuvo que cada interacción puede convertirse en una experiencia significativa para quienes están en proceso de formación profesional y personal.
Especialistas en educación coinciden en que un ambiente de respeto, confianza y acompañamiento favorece no solo el aprendizaje académico, sino también el desarrollo de habilidades sociales, emocionales y de liderazgo.
Claves para una docencia con impacto positivo
El rector de la UTP compartió algunas prácticas que considera fundamentales para fortalecer la experiencia educativa y generar un impacto duradero en los estudiantes.
Tratar a los estudiantes con dignidad
Reconocer a los estudiantes como personas en formación ayuda a construir espacios de respeto y confianza dentro del aula. Este enfoque favorece una participación más activa y un aprendizaje más sólido.
Equilibrar exigencia y cercanía
Mantener estándares académicos claros, pero acompañados de empatía y orientación, permite motivar a los estudiantes sin generar distancias innecesarias.
Según Golergant, la combinación entre disciplina y cercanía fortalece el compromiso y la confianza de los alumnos en sus propias capacidades.
Brindar retroalimentación constructiva
La retroalimentación honesta y orientada al crecimiento puede marcar una diferencia importante en el desarrollo profesional de los estudiantes.
Los comentarios claros, respetuosos y enfocados en la mejora continua ayudan a reforzar habilidades y superar dificultades académicas.
Enseñar con el ejemplo
El especialista también destacó la importancia de transmitir responsabilidad, ética y profesionalismo a través de las acciones diarias.
“El ejemplo tiene un enorme poder formativo. Muchas veces los estudiantes recuerdan más cómo actuamos que lo que dijimos”, sostuvo.
El impacto de la docencia más allá del aula
Golergant remarcó que quienes ejercen la docencia acompañan a cientos o miles de estudiantes a lo largo de los años, dejando huellas que muchas veces no son visibles de inmediato.
“Algo de nosotros viaja con ellos: una idea que se atrevieron a intentar, una decisión que tomaron con más seguridad o una meta que creyeron posible”, indicó.
Asimismo, resaltó que una palabra de aliento, una orientación o incluso una exigencia bien planteada pueden convertirse en referencias importantes para el futuro de un estudiante.
Finalmente, señaló que comprender la docencia desde una perspectiva humana y consciente permite contribuir de manera más amplia al desarrollo de las personas y la sociedad.
“Cuando entendemos la docencia de esta manera, nos convertimos en parte de historias que continúan creciendo más allá de nosotros”, concluyó.
