Lima, marzo de 2026.- La brecha digital en adultos mayores se está convirtiendo en uno de los principales desafíos sociales del proceso de modernización tecnológica en el Perú. Aunque cada vez más servicios públicos, plataformas de salud, operaciones financieras y trámites se trasladan al entorno digital, millones de personas mayores enfrentan dificultades para utilizar estas herramientas y acceder plenamente a sus beneficios.
Especialistas advierten que tener un celular o conexión a Internet no garantiza inclusión digital. En muchos casos, los adultos mayores cuentan con dispositivos o acceso a la red, pero carecen de las habilidades necesarias para realizar gestiones en línea, acceder a servicios o interactuar con plataformas digitales.
Según la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), en el Perú más de 4,7 millones de personas tienen 60 años o más, lo que representa cerca del 14% de la población nacional. Sin embargo, solo el 47% de los adultos mayores utiliza Internet, una cifra que refleja las dificultades de este grupo etario para integrarse plenamente al mundo digital.
Brecha digital en adultos mayores se profundiza por desigualdades
La brecha digital en adultos mayores también presenta fuertes diferencias territoriales. Mientras en zonas urbanas el acceso a Internet alcanza al 56,8%, en áreas rurales apenas llega al 14,6%, lo que evidencia las desigualdades estructurales que persisten en el país.
Para el rector de la Universidad Norbert Wiener, Alberto Bejarano, este fenómeno no puede explicarse únicamente por la falta de acceso a tecnología.
“Reducir la brecha digital en los adultos mayores a una falta de tecnología es un error. Lo que vemos en el Perú es una forma de exclusión social acumulada, construida durante décadas de desigualdad educativa, territorial y económica, que hoy se manifiesta en el entorno digital”, explica.
Desde esta perspectiva, la exclusión digital refleja problemas estructurales que van más allá de la conectividad, incluyendo niveles educativos desiguales, limitaciones en alfabetización digital y barreras socioeconómicas que dificultan el aprendizaje tecnológico en etapas avanzadas de la vida.
Acceso a Internet no significa inclusión digital
Uno de los puntos clave en este debate es la diferencia entre estar conectado y estar realmente incluido en el mundo digital.
Diversos estudios muestran que el uso de Internet entre adultos mayores suele concentrarse en actividades básicas como la mensajería instantánea o el consumo de contenidos. En cambio, tareas de mayor impacto —como realizar trámites en línea, usar banca digital o acceder a plataformas de salud— siguen siendo menos frecuentes.
En la práctica, esto implica que muchas personas mayores dependan de familiares o terceros para realizar gestiones que hoy se han digitalizado.
“Estar conectado significa tener un dispositivo. Estar incluido significa poder usar la tecnología para ejercer derechos, como gestionar una cita médica, acceder a información oficial o realizar operaciones financieras”, señala Bejarano Heredia.
Esta situación puede generar barreras importantes para el acceso a servicios y limitar la autonomía de las personas mayores en un contexto donde cada vez más procesos se realizan exclusivamente por medios digitales.
Impacto social de la exclusión digital
Las consecuencias de la brecha digital en adultos mayores no se limitan al ámbito tecnológico. También tienen efectos sociales, económicos y en la calidad de vida de las personas.
Entre los principales impactos identificados por especialistas se encuentran:
- Mayor dependencia de familiares o terceros para realizar trámites.
- Dificultades para acceder a servicios de salud digitalizados.
- Barreras para utilizar servicios financieros o banca electrónica.
- Riesgo de aislamiento social en una sociedad cada vez más conectada.
En el ámbito de la salud, por ejemplo, la digitalización de plataformas para agendar citas médicas o consultar resultados facilita los procesos para quienes tienen habilidades digitales. Sin embargo, quienes no dominan estas herramientas suelen depender de la atención presencial o del apoyo de otras personas.
De acuerdo con informes del Banco Interamericano de Desarrollo, la brecha digital generacional es una de las más marcadas en América Latina, lo que representa un reto importante para las políticas públicas orientadas a la inclusión tecnológica.
La inclusión digital como política social
Ante este escenario, expertos coinciden en que cerrar la brecha digital en adultos mayores requiere estrategias específicas que vayan más allá de ampliar el acceso a Internet.
Entre las medidas que podrían contribuir a reducir esta desigualdad destacan:
- Programas de alfabetización digital adaptados a adultos mayores.
- Capacitación con acompañamiento continuo y aprendizaje práctico.
- Diseño de plataformas digitales más accesibles e intuitivas.
- Políticas públicas que integren la inclusión digital dentro de las estrategias sociales.
“Si no actuamos, la digitalización puede convertirse en un nuevo mecanismo de exclusión silenciosa. La inclusión digital del adulto mayor no es una política tecnológica: es una política social”, advierte el rector de la Universidad Norbert Wiener.
Garantizar que las personas mayores puedan participar plenamente en el entorno digital es también una cuestión de autonomía, dignidad y acceso equitativo a servicios en una sociedad cada vez más digitalizada.
“La inclusión digital del adulto mayor es también una cuestión de dignidad y autonomía en una sociedad cada vez más digital”, concluye Alberto Bejarano.
