Lima, agosto de 2026.- En el Perú, el Ministerio de Salud estima que más de 100 mil personas son portadoras de hepatitis B, una enfermedad silenciosa presente en todas las regiones del país. Ante esta alarmante cifra, los Complejos Hospitalarios Barton y Kaelin advierten sobre los mitos más comunes que impiden un diagnóstico oportuno y ponen en riesgo la vida de miles de peruanos.
Sentirse bien, no presentar dolor o no notar cambios visibles en el cuerpo suele interpretarse de forma equivocada como una señal de buena salud. Sin embargo, cuando se trata de infecciones víricas como la hepatitis B y C, la ausencia total de síntomas no significa estar libre de riesgo. En el territorio nacional, esta falsa sensación de tranquilidad retrasa el descarte preventivo de un padecimiento que suele avanzar de forma asintomática durante años.
Según cifras del Ministerio de Salud (Minsa), se estima que aproximadamente 139,560 personas conviven con hepatitis B en las distintas regiones del país, mientras que entre 30 mil y 60 mil personas padecerían hepatitis C. Ambas afecciones constituyen una amenaza seria para la salud pública debido a su capacidad para dañar progresivamente el tejido hepático sin dar señales de alarma inmediatas.
“Las hepatitis B y C representan un desafío porque pueden evolucionar durante años sin generar síntomas evidentes. En muchos casos, el diagnóstico se realiza cuando la enfermedad ya ha ocasionado complicaciones graves, como cirrosis o cáncer de hígado. Por ello, la detección temprana mediante chequeos y pruebas de descarte es clave para iniciar un tratamiento oportuno y prevenir daños irreversibles”, señala la Dra. Evelyn Fuentes, médico de familia de los Complejos Hospitalarios Barton y Kaelin, operados por IBT Group.
Mitos comunes sobre las infecciones de hepatitis B y C
La falta de diagnóstico oportuno de esta enfermedad se relaciona directamente con la dificultad para identificarla debido a diversas creencias erróneas. Estas ideas preconcebidas llevan a que muchas personas subestimen el riesgo latente y posterguen sus exámenes médicos periódicos. Entre las falsas creencias más difundidas destacan:
- “Si no tengo síntomas, no tengo hepatitis”: Tanto la hepatitis B como la C pueden permanecer ocultas durante décadas. Una persona puede continuar con sus actividades diarias con normalidad y recién presentar señales evidentes cuando el daño hepático es avanzado y grave. El descarte preventivo jamás debe depender de la presencia de malestar físico.
- “La hepatitis siempre se contagia por comida”: Este mito se confunde frecuentemente con la hepatitis A, la cual se transmite por agua o alimentos contaminados. En contraste, la hepatitis B se contagia por contacto con sangre, relaciones sexuales sin protección y de madre a hijo durante el parto. La hepatitis C se transmite primordialmente a través del contacto directo con sangre infectada.
- “El uso del preservativo no reemplaza la vacunación contra la hepatitis”: Si bien el preservativo reduce riesgos y es indispensable en la salud sexual, la hepatitis B también puede transmitirse a través de heridas, tatuajes o piercings en locales no autorizados, o mediante objetos punzocortantes compartidos. Por esta razón, la inmunización mediante vacunación Minsa resulta imprescindible.
- “Los remedios naturales pueden curar la hepatitis B o C”: Infusiones, hierbas o remedios caseros carecen de sustento científico para eliminar estos virus del organismo. Depender exclusivamente de estos métodos caseros hace que el paciente pierda un tiempo valioso para recibir atención especializada, confirmar el diagnóstico e iniciar terapias médicas efectivas.
Importancia del descarte oportuno y esquema de vacunación
Un diagnóstico a tiempo modifica drásticamente el pronóstico de estas enfermedades hepáticas. En el caso de la hepatitis B, detectar la infección permite realizar un seguimiento médico continuo, evitar complicaciones crónicas y proteger al entorno familiar directo. Respecto a la hepatitis C, la detección temprana es crucial, ya que actualmente existen tratamientos antivirales de última generación capaces de curar a más del 95% de los pacientes diagnosticados, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
Además de la realización de exámenes de descarte tras alguna conducta de riesgo, la vacunación constante constituye la principal herramienta de prevención contra la hepatitis B. Conforme al esquema nacional de vacunación Minsa, la población de entre 15 y 59 años debe recibir tres dosis consecutivas, las cuales se aplican de manera gratuita en todos los centros de salud públicos a nivel nacional.
«Completar el esquema ofrece una protección altamente efectiva y reduce de forma significativa el riesgo de desarrollar enfermedades hepáticas crónicas. Por ello, mantener la vacunación al día es una decisión que protege la salud a largo plazo», concluye la especialista de los Complejos Hospitalarios Barton y Kaelin.
