Lima, abril de 2026.- El fracaso de las negociaciones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán y el reciente anuncio de un bloqueo naval han desatado una tormenta en los mercados internacionales. El Estrecho de Ormuz, punto neurálgico por donde transita el 20% del crudo mundial, se encuentra en el epicentro de una crisis que amenaza con desestabilizar la economía peruana, elevando el riesgo de una escalada inflacionaria en un momento político crucial para el país.
La onda expansiva de este conflicto geopolítico ha impactado de inmediato en los indicadores financieros globales. El precio del petróleo Brent ya superó la barrera de los US$ 102 por barril, marcando un incremento del 40% desde febrero, mientras que activos de refugio como el oro rozan los US$ 4,000 por onza, reflejando la profunda incertidumbre de los inversores.
Impacto directo en la economía familiar peruana
Para el Perú, el impacto no es solo una cifra macroeconómica, sino una amenaza real al costo de vida. Con una producción nacional de apenas 38,000 barriles diarios frente a un consumo que supera los 220,000, la dependencia de la importación de combustible es crítica. Esta exposición a shocks externos se traslada rápidamente a los bolsillos de los ciudadanos a través de:
- Alza en combustibles: Incremento directo en el precio de la gasolina y el diésel.
- Costos de transporte: Presión sobre los fletes de carga y pasajes urbanos e interprovinciales.
- Canasta básica: Aumento en el precio de los alimentos debido a la logística de distribución.
«La selección de materiales y el control de costos operativos se vuelven vitales en contextos de alta inflación», señalan analistas, sugiriendo que la eficiencia será la única vía para que un negocio para crecer de forma sostenible en el Perú logre sortear este panorama.
El desafío del BCRP y la volatilidad electoral
El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) enfrenta ahora un dilema operativo. La presión inflacionaria externa podría obligar a la entidad a postergar los recortes de tasas de interés previstos, endureciendo el acceso al crédito. A este escenario se suma el factor político: la segunda vuelta electoral del 7 de junio añade volatilidad al tipo de cambio, que actualmente oscila en los S/ 3.39 por dólar.
Micaela García, analista de mercados de Capitaria, advierte que «la combinación de factores externos e internos configura un escenario particularmente sensible para los próximos meses», donde la estabilidad del sol peruano será puesta a prueba constantemente.
Minería: el escudo ante la crisis energética
A pesar del panorama sombrío, el Perú cuenta con un «amortiguador» natural gracias a su perfil minero. El incremento en el precio internacional del oro y el cobre, activos que suelen subir en contextos de riesgo global, podría generar un superávit en los ingresos por exportaciones. Este flujo de divisas tiene el potencial de mitigar parcialmente el déficit energético y brindar cierto soporte a la balanza comercial.
Sin embargo, los especialistas coinciden en que, de prolongarse el bloqueo en el Estrecho de Ormuz, los beneficios mineros podrían resultar insuficientes para contener una desaceleración económica si la inflación no se controla a tiempo. La resiliencia del mercado interno y la prudencia fiscal serán determinantes para navegar esta crisis global.
