Lima, agosto de 2026.- Tras los recientes movimientos telúricos registrados en la región y la advertencia del Instituto Geofísico del Perú (IGP) sobre una gran acumulación de energía sísmica frente a la costa central con potencial para un terremoto de magnitud cercana a 8.8, la preparación familiar vuelve a ser una prioridad nacional. Este escenario de riesgo se complica por la vigencia de la Alerta de El Niño Costero, fenómeno que genera lluvias intensas, inundaciones y huaicos que incrementan la vulnerabilidad de diversas zonas del país.
Un kit de supervivencia adaptado a la geografía peruana
Ante la posibilidad de desastres simultáneos, RIMAC señala que la preparación no debe limitarse a un equipamiento genérico, sino que debe ajustarse a la ubicación geográfica, los peligros climáticos y las necesidades específicas de cada hogar. Según las pautas del Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI), la mochila de emergencia debe garantizar la supervivencia durante las primeras 24 horas, complementándose con una caja de reserva para los días posteriores.
«El desafío es aún mayor en un contexto en el que el país mantiene una Alerta de El Niño Costero, fenómeno que puede generar condiciones de lluvias, inundaciones, huaicos y otros eventos que incrementan la vulnerabilidad de determinadas zonas», advierte Janeth Valera, ingeniera geóloga de RIMAC.
Mochila para la Costa
Para los habitantes de las zonas costeras, el equipamiento debe priorizar la protección solar y la preparación ante eventuales tsunamis:
- Agua embotellada y alimentos no perecibles de consumo directo.
- Protector solar, sombreros o gorras y prendas de vestir ligeras.
- Mascarillas, alcohol en gel, toallas húmedas y botiquín de primeros auxilios.
- Linterna, radio a pilas, silbato de emergencia y batería portátil para teléfonos.
- Dinero en efectivo en billetes o monedas de baja denominación.
- Mapa impreso con la ruta de evacuación hacia zonas altas en caso de alerta de tsunami.
Mochila para la Sierra
En las zonas andinas, la prioridad se enfoca en el abrigo térmico y la protección contra el polvo o derrumbes:
- Módulos de agua y alimentos no perjudiciales de fácil apertura.
- Mantas térmicas, ropa de abrigo impermeable y calzado cerrado de alta tracción.
- Mascarillas de protección respiratoria para mitigar el polvo generado por el colapso de estructuras.
- Bolsas plásticas herméticas para proteger documentos y dinero de las lluvias.
- Botiquín con medicamentos de uso habitual y linterna con repuesto de baterías.
Mochila para la Selva
Frente a las altas temperaturas, la humedad constante y la presencia de insectos, los suministros deben incluir:
- Repelente contra picaduras, mosquitero plegable y prendas de manga larga.
- Bolsas impermeables y herméticas para resguardar dispositivos electrónicos, medicinas y documentos de identidad.
- Agua segura purificada o pastillas potabilizadoras.
- Calzado resistente al barro y ropa de cambio empaquetada al vacío.
- Radio portátil, silbato e implementos de higiene personal.
Consideraciones especiales para niños, adultos mayores y pacientes crónicos
Un aspecto crítico que suele omitirse en la organización familiar es la inclusión de suministros personalizados según la condición de cada integrante.
«Una emergencia no afecta de la misma manera a todos los integrantes del hogar. Por ello, la mochila debe incorporar elementos específicos para niños, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas, personas con discapacidad y mujeres embarazadas», enfatiza Valera, especialista de RIMAC.
En situaciones donde las lluvias o huaicos interrumpen el acceso a farmacias y centros médicos, es indispensable almacenar los medicamentos recetados para condiciones como hipertensión o diabetes en sus empaques originales, verificando periódicamente sus fechas de caducidad.
Planes de evacuación y simulacros familiares
La preparación efectiva debe iniciarse antes de que ocurra el evento telúrico. RIMAC recomienda acordar puntos de encuentro fuera del inmueble, señalar las zonas de seguridad internas, definir rutas de evacuación despejadas y participar activamente en los simulacros nacionales.
«En un contexto de riesgos simultáneos, la prevención también implica monitorear las condiciones del entorno y tomar decisiones oportunas. La clave no es saber cuándo ocurrirá un sismo, porque científicamente no es posible predecirlo, sino estar preparados para responder cuando ocurra», concluye la geóloga de RIMAC.
