Lima, febrero de 2025.- Emprender se ha convertido en una alternativa cada vez más frecuente para generar ingresos y lograr autonomía económica en el Perú. Sin embargo, trabajar más horas no siempre se traduce en mejores resultados. De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), al cierre de 2024 el país registró 3.5 millones de empresas activas, aunque la alta tasa de cierres trimestrales confirma lo complejo que resulta sostener un negocio pequeño en el tiempo.
Más allá del entusiasmo y la dedicación inicial, la diferencia entre un emprendimiento que sobrevive y uno que logra consolidarse suele estar en la capacidad de identificar y corregir errores operativos antes de que impacten en la caja, la reputación o la relación con los clientes. En muchos casos, no se trata de grandes fallas estratégicas, sino de descuidos cotidianos que, acumulados, generan pérdidas significativas.
Errores operativos frecuentes en los emprendimientos
“Identificar estas fallas no solo permite reducir pérdidas, sino también tomar decisiones más estratégicas que fortalezcan el negocio en un entorno cada vez más competitivo. El problema no es tener equipos humanos pequeños, sino no definir funciones ni contar con indicadores básicos que permitan entender la salud real del emprendimiento”, advierte Fernando Díaz del Olmo, docente del posgrado en Administración de Negocios de la Universidad Norbert Wiener.
Según el especialista, existen errores operativos que suelen pasar desapercibidos en las primeras etapas, pero que representan un riesgo serio para la sostenibilidad del negocio.
Falta de roles y funciones claras
Uno de los errores más comunes es no delimitar funciones ni responsabilidades dentro del equipo. Esto genera sobrecarga laboral, confusión en la toma de decisiones y dificulta evaluar el desempeño real del emprendimiento. Cuando todos hacen de todo, resulta complejo identificar qué procesos funcionan y cuáles requieren ajustes.
Operar sin indicadores clave
La falta de control de indicadores básicos es otra falla crítica. Muchos emprendedores operan sin datos claros sobre ventas, costos, márgenes o flujo de caja. Esta ausencia de información confiable complica la proyección financiera y limita la capacidad de reaccionar a tiempo ante problemas operativos.
Desorden contable desde el inicio
El desorden contable y los registros incompletos suelen normalizarse en etapas tempranas del negocio. No registrar correctamente compras y ventas, o hacerlo de manera informal, impide conocer la rentabilidad real y puede generar contingencias tributarias a mediano plazo.
Ausencia de planificación y control financiero
Otro error recurrente es la falta de planificación financiera. Sin un control periódico, los resultados aparentes pueden no reflejar la situación real del negocio, generando decisiones basadas en percepciones y no en información objetiva.
No medir el retorno de las iniciativas
Invertir tiempo y dinero sin evaluar el retorno de las acciones —campañas, promociones o nuevos productos— es una práctica común. No medir el impacto ni la rentabilidad de estas iniciativas expone al emprendimiento a pérdidas innecesarias y limita el aprendizaje estratégico.
Mala gestión de cuentas por cobrar y pagar
La gestión inadecuada de cuentas por cobrar y pagar puede generar desequilibrios financieros que afectan la operación diaria. Retrasos en cobros o pagos desordenados suelen derivar en problemas de liquidez, incluso en negocios con buenas ventas.
Crecer sin orden ni estructura
Finalmente, uno de los riesgos más altos es priorizar el crecimiento sin asegurar procesos y finanzas sólidas. Expandirse sin orden ni estructura puede comprometer la estabilidad del emprendimiento y acelerar su desgaste operativo.
Capacitación y profesionalización como claves del crecimiento
“El crecimiento sin orden es uno de los mayores riesgos para un emprendimiento. Incrementar ventas no es el único dato que necesitamos para dar el siguiente paso. La capacitación y la profesionalización permiten pasar de una buena idea a un negocio sostenible, con metas claras, control financiero y decisiones informadas”, enfatiza Díaz del Olmo.
Detectar y corregir a tiempo estos pequeños errores operativos puede marcar la diferencia entre un emprendimiento vulnerable y uno preparado para crecer de forma sostenible en un entorno cada vez más exigente.
