Lima, febrero de 2026.- El arte escénico y la gastronomía compartieron un mismo escenario en un encuentro realizado en La Cabrera, donde actores y creadores reflexionaron sobre la pasión por el oficio y la importancia de la honestidad en cada detalle del proceso creativo, tanto sobre las tablas como frente a la parrilla.
La mesa de un restaurante puede ser tan exigente como un escenario teatral. Bajo esa premisa se desarrolló una conversación que buscó profundizar en los puntos de contacto entre el arte escénico y la gastronomía, dos disciplinas que, aunque distintas en forma, comparten una misma esencia: conmover a través del trabajo bien hecho. El encuentro tuvo lugar en la sede peruana del reconocido restaurante argentino, una marca que ha construido prestigio internacional con presencia en América, Europa y Asia, y que entiende la experiencia culinaria como una verdadera puesta en escena.
La técnica y la emoción como ejes del oficio
En esta ocasión fueron invitadas dos parejas de artistas cuyas trayectorias han dejado huella en el cine y el teatro: Andrea Llamosas junto a Franco Silva, y María del Carmen Sirvas junto al dramaturgo y director Esteban Phillips. El diálogo giró en torno a la disciplina, la preparación y el compromiso que exige cualquier trabajo creativo que aspire a generar una reacción auténtica en el público.
Para los actores, la interpretación no admite descuidos. Cada función es el resultado de horas de ensayo, estudio del personaje y una entrega consciente que se renueva noche tras noche. Esa misma lógica, coincidieron, se percibe en la cocina de La Cabrera, donde la técnica y la calidad del insumo son la base para construir una experiencia memorable.
Llamosas, quien actualmente participa en proyectos cinematográficos, destacó la experiencia desde el punto de vista del comensal. Aunque no se considera una consumidora habitual de carne, señaló que la propuesta gastronómica la sorprendió de principio a fin, desde las entradas hasta los postres de la casa. Su comentario abrió la puerta a una reflexión más amplia sobre cómo la sorpresa y la coherencia forman parte del lenguaje artístico, ya sea en una obra teatral o en un plato cuidadosamente elaborado.
El paralelismo entre el ensayo y la parrilla
El fuego de la parrilla guarda una relación directa con el ensayo teatral. Así como un actor afina gestos, tiempos y silencios antes de salir a escena, el equipo de cocina trabaja cada corte con precisión, control del fuego y respeto por el producto. En ambos casos, la técnica no es un fin en sí mismo, sino una herramienta al servicio de la emoción.
María del Carmen Sirvas subrayó este punto al resaltar que el público —o el comensal— percibe cuando el trabajo se hace con convicción. Acompañada por Esteban Phillips, coincidió en que el amor por el oficio se manifiesta en los detalles: en el servicio, en la presentación y en la coherencia de la propuesta. “Se siente cuando alguien hace algo con cuidado y respeto”, comentó durante la conversación, aludiendo a la experiencia vivida en el restaurante.
Phillips, con amplia experiencia como actor y director teatral, describió el encuentro como una experiencia sensorial completa, donde creatividad e ingenio se expresan a través del sabor. Para él, la gastronomía comparte con el teatro la capacidad de construir relatos: cada plato cuenta una historia y cada decisión técnica influye en la percepción final.
La gastronomía como disciplina artística
Más allá del acto de consumir, la buena mesa fue entendida como una experiencia cultural. En ese sentido, La Cabrera se presentó como un espacio donde la cocina se ejecuta como una disciplina artística en constante evolución, con procesos claros y una identidad definida. Para los artistas invitados, este enfoque dialoga naturalmente con su propio trabajo en cine y teatro, donde la técnica siempre está al servicio de la emoción y del vínculo con el público.
El intercambio permitió reconocer que tanto en el arte escénico como en la gastronomía existe una responsabilidad compartida: ofrecer una experiencia honesta, construida desde el conocimiento, la práctica y el respeto por el oficio. Esa honestidad, coincidieron, es lo que permite generar conexiones reales y duraderas con las personas.
Un encuentro que trasciende la mesa
El encuentro concluyó con una idea común: cuando el trabajo se basa en la pasión y el compromiso, el resultado trasciende el formato. Ya sea desde un escenario o desde una parrilla, el objetivo es el mismo: provocar una emoción genuina. En ese cruce entre arte escénico y gastronomía, La Cabrera se convirtió en un punto de encuentro donde la creatividad se vive, se comparte y se saborea.
