Lima, febrero de 2026.- A pocas semanas del inicio del año escolar, padres y docentes suelen intensificar la observación del comportamiento social y emocional de niños y adolescentes. En este escenario, comprender el Trastorno del Espectro Autista (TEA) nivel 1, condición que anteriormente se conocía como síndrome de Asperger, resulta clave para una detección oportuna que favorezca la adaptación escolar y reduzca riesgos emocionales.
El TEA es una condición del neurodesarrollo caracterizada por dificultades persistentes en la comunicación e interacción social, junto con patrones de comportamiento o intereses restringidos. A nivel internacional, se estima que alrededor del 1 % de la población se encuentra dentro del espectro. En el Perú, si bien aún no existen estudios epidemiológicos consolidados, el Ministerio de Salud ha reportado miles de atenciones vinculadas a esta condición en los últimos años, lo que refuerza la importancia de la sensibilización y el diagnóstico temprano.
¿Por qué el entorno escolar es clave?
El colegio representa un espacio donde se incrementan las demandas sociales, comunicativas y de adaptación a normas. Por ello, el TEA nivel 1 suele hacerse más evidente en esta etapa.
“El TEA nivel 1 puede confundirse con rasgos de personalidad como timidez o introversión. La diferencia está en la persistencia de las dificultades y en el impacto que generan en distintos entornos, especialmente en el colegio”, explica Giovany Rivera Ramírez, médica psiquiatra y coordinadora académica de Medicina Humana de la Universidad Norbert Wiener.
A diferencia de situaciones transitorias, las manifestaciones asociadas al TEA nivel 1 se mantienen en el tiempo y afectan el desempeño académico, social y emocional del estudiante si no se identifican adecuadamente.
Señales que pueden observarse en el aula
Con el aumento de las interacciones sociales propias del colegio, algunas conductas pueden volverse más notorias. Entre las señales de alerta que padres y docentes no deben pasar por alto se encuentran:
- Dificultad para integrarse en trabajos grupales o establecer vínculos con compañeros.
- Problemas para comprender normas sociales no explícitas, bromas o ironías.
- Uso de un lenguaje excesivamente formal o poco acorde a la edad.
- Resistencia marcada a los cambios de rutina o a situaciones imprevistas.
- Ansiedad en contextos sociales, recreativos o de alta estimulación.
Estas conductas deben analizarse siempre considerando su frecuencia, intensidad e impacto en el bienestar emocional y el rendimiento escolar del estudiante.
La importancia de la detección temprana
Muchas de estas señales pueden manifestarse desde la primera infancia, pero suelen hacerse más claras cuando el niño enfrenta mayores exigencias sociales y académicas. “La detección temprana permite iniciar intervenciones oportunas, disminuir el riesgo de ansiedad o baja autoestima y favorecer una mejor adaptación escolar”, sostiene Rivera.
El diagnóstico del TEA es clínico y multidisciplinario; no existe una prueba de laboratorio específica. Por ello, la observación constante de padres y docentes resulta fundamental para una derivación profesional a tiempo y un acompañamiento adecuado.
Inclusión y bienestar como objetivo central
Más allá del diagnóstico, los especialistas coinciden en que el objetivo principal es potenciar las habilidades del niño, brindarle herramientas para desenvolverse en el entorno escolar y promover una cultura de inclusión. “Comprender la diversidad es el primer paso para garantizar el bienestar de los estudiantes y construir espacios educativos más empáticos”, concluye la psiquiatra de la Universidad Norbert Wiener.
Reconocer las señales del TEA nivel 1 antes del regreso a clases no solo permite actuar a tiempo, sino también crear entornos escolares más seguros, comprensivos y respetuosos, donde cada estudiante pueda desarrollarse plenamente.
