Lima, enero de 2026.- El compromiso laboral en el Perú atraviesa uno de sus momentos más delicados. Según el más reciente informe de la consultora internacional Gallup, solo el 21 % de los trabajadores en el país se siente realmente comprometido con su trabajo, una cifra que evidencia una brecha creciente entre las expectativas de las personas y la experiencia que ofrecen las organizaciones en un mercado laboral cada vez más exigente.
Este bajo nivel de engagement no solo impacta en el bienestar de los colaboradores, sino que representa un desafío estratégico para las empresas en términos de productividad, clima organizacional y retención del talento. En un entorno donde la competitividad y la especialización son claves, la falta de compromiso se convierte en un factor de riesgo para la sostenibilidad de los negocios.
La situación se ve reforzada por otros estudios recientes. De acuerdo con una investigación de Bumeran, el 64 % de los trabajadores peruanos afirma no sentirse motivado en su centro laboral, mientras que apenas uno de cada cuatro se declara altamente comprometido. Estos datos confirman que la desconexión entre empleados y organizaciones no es un fenómeno aislado, sino una tendencia que se consolida.
Desde la perspectiva empresarial, el panorama tampoco es alentador. Una encuesta de Rankmi revela que el 62 % de los líderes de recursos humanos en el Perú reconoce que mantener motivados y comprometidos a sus equipos es hoy su principal desafío, incluso por encima de la atracción de nuevo talento. Esto refleja un cambio en las prioridades de la gestión de personas, donde el foco ya no está solo en contratar, sino en generar experiencias laborales significativas.
El impacto del bajo engagement es tangible. El informe de Gallup advierte que, a nivel global, la falta de compromiso se traduce en menor desempeño, mayor ausentismo y alta rotación de personal. En economías como la peruana, marcadas por la escasez de talento especializado y por expectativas laborales en constante transformación, estos efectos adquieren una relevancia aún mayor y pueden frenar el crecimiento de las organizaciones.
“Estos datos muestran una brecha clara entre lo que las personas esperan de su experiencia laboral y lo que realmente viven en su día a día. El engagement dejó de ser un concepto aspiracional y se ha convertido en una variable estratégica del negocio, con impacto directo en los resultados y en la sostenibilidad de las organizaciones”, señala Fernando Müller, Gerente General de Edenred Perú.
Este contexto explica por qué muchas empresas están revisando sus estrategias de gestión del talento. En el caso de Edenred, reconocida por sus soluciones de beneficios laborales, esta realidad ha impulsado una evolución hacia una propuesta más integral, que incorpora el compromiso, el bienestar y la motivación como ejes centrales de la experiencia del colaborador.
El nuevo posicionamiento de la línea de negocio Benefits & Engagement de Edenred, bajo el concepto “Impulsa tu alegría de vivir”, parte de una premisa clara: el compromiso se construye a partir de pequeñas experiencias positivas cotidianas. Elementos como el reconocimiento, el poder adquisitivo y el bienestar integral influyen directamente en la forma en que las personas se relacionan con su trabajo y con sus equipos.
Desde esta perspectiva, el engagement no depende únicamente de grandes iniciativas, sino de acciones concretas y constantes. Edenred busca facilitar a las organizaciones la creación de estas experiencias de manera práctica, que van desde un almuerzo más agradable, una clase de deportes en línea, hasta un mensaje de reconocimiento entre colegas que refuerce la conexión y el sentido de pertenencia.
Al hacer que estas señales de cuidado y aprecio sean más frecuentes y accesibles, la compañía apunta a convertir el compromiso en una experiencia vivida para los colaboradores y en un motor concreto de rendimiento para los empleadores. Este enfoque reconoce que la motivación sostenida se construye en el día a día y no solo a través de discursos o campañas internas.
“Cuando el colaborador se siente valorado en lo cotidiano, el compromiso deja de ser un discurso y se convierte en una experiencia real. Ese cambio cultural es hoy una de las principales ventajas competitivas para las empresas”, concluye Müller.
