Buenos Aires, junio de 2026.- Cuando se aborda la ciberseguridad y la seguridad digital en el contexto de las infancias, el debate suele centrarse en dos focos principales: la regulación de contenidos inapropiados en plataformas en línea o la gestión de los impactos psicológicos y sociales derivados del uso excesivo de pantallas. Sin embargo, ESET, compañía líder en detección proactiva de amenazas, advierte sobre un peligro silencioso que suele pasar desapercibido: la exposición temprana de datos personales en la infancia puede derivar en fraudes financieros y suplantaciones de identidad con consecuencias severas durante la etapa adulta.
Los niños y adolescentes actuales se desenvuelven como nativos digitales y, por lo tanto, acumulan una huella digital considerable desde sus primeros años de vida. Sus actividades cotidianas implican la creación y el uso constante de credenciales de acceso a plataformas escolares, perfiles en videojuegos en línea, fotografías almacenadas en la nube, historiales médicos electrónicos y perfiles en diversas aplicaciones móviles. Para los ciberdelincuentes, toda esta información acumulada representa un objetivo sumamente atractivo debido a que posee una vigencia operativa extensa en el mercado negro de datos.
El peligro de las identidades sintéticas y la vida útil del fraude
Especialistas de la firma tecnológica explican que la información robada a un menor posee una «vida útil» prolongada desde la perspectiva del fraude financiero. Si un estafador sustrae los datos de un niño para abrir una línea de crédito ilegal, es muy probable que la víctima no descubra la irregularidad hasta que intente solicitar su primer préstamo bancario o tarjeta de crédito al alcanzar la mayoría de edad, es decir, muchos años después del incidente inicial. Al no tener antecedentes negativos previos, la solicitud fraudulenta pasa los controles bancarios con facilidad. Con estos datos, los criminales configuran identidades sintéticas combinando información real de los menores con datos falsos.
Mario Micucci, Investigador de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica, señala que estos escenarios no constituyen meras proyecciones teóricas, sino problemas reales con un crecimiento estadístico documentado. Aunque los registros globales suelen ser limitados, reportes de la Comisión Federal de Comercio (FTC) de los Estados Unidos revelan que los casos de robo de identidad infantil experimentaron un incremento del 40% entre los años 2021 y 2024, consolidándose como una tendencia delictiva en expansión.
Vulnerabilidades en el comportamiento digital de las infancias
A pesar de que los menores demuestran una gran habilidad técnica para interactuar con dispositivos y registrarse en plataformas digitales, no poseen el nivel de escepticismo necesario para detectar amenazas sofisticadas de ingeniería social. Los adolescentes son propensos a ser víctimas de ataques de phishing, especialmente cuando los mensajes fraudulentos simulan provenir de una autoridad escolar, una corporación reconocida o un amigo cercano. Las ofertas de videojuegos gratuitas, los cuestionarios interactivos diseñados para recolectar información y la publicidad digital basada en la urgencia o el temor a quedar excluido de un grupo social (FOMO) representan anzuelos altamente efectivos.
A este panorama de vulnerabilidad se suma la conducta de los propios adultos responsables. De acuerdo con investigaciones académicas recientes de la Universidad de Southampton, el 45% de los padres comparte de manera regular detalles e imágenes de la vida de sus hijos en entornos digitales. Esta práctica, conocida globalmente como «sharenting», incrementa de forma exponencial la disponibilidad de datos públicos que los estafadores pueden compilar. El estudio señala que aproximadamente uno de cada seis menores ya ha experimentado perjuicios en la red, abarcando desde incidentes de ciberacoso hasta filtraciones masivas de privacidad.
Brechas de seguridad en los entornos educativos y de entretenimiento
El almacenamiento de información sensible por parte de terceros también se encuentra bajo una amenaza constante debido a las brechas de seguridad institucionales. El Identity Theft Resource Center (ITRC) documentó un máximo histórico de 3322 vulneraciones corporativas de bases de datos en territorio estadounidense durante el último periodo anual analizado, lo que representa un alza del 79% en comparación con los últimos cinco años. Los sectores de la salud pública y la educación básica figuraron entre los más afectados por estas intrusiones cibernéticas.
La diversificación de herramientas basadas en inteligencia artificial y la masificación de las plataformas de entretenimiento virtual añaden capas de complejidad al problema. Las cuentas de videojuegos o perfiles de gaming infantil constituyen un objetivo prioritario de ataque para las redes criminales internacionales, debido a que resguardan activos digitales con alto valor de monetización:
- Información financiera detallada y registros de tarjetas bancarias asociadas para consumos directos.
- Agendas y redes de contactos personales empleadas para la distribución automatizada de campañas de spam o malware.
- Elementos estéticos coleccionables dentro del juego (skins) y divisas virtuales que se comercializan en mercados clandestinos.
- Historiales de conversaciones privadas con datos personales explotables para extorsiones o suplantaciones.
Señales de alerta y pautas de protección familiar
Para mitigar los riesgos de identidad a largo plazo en menores, ESET aconseja a los tutores y educadores mantenerse atentos a indicadores específicos que denotan un compromiso en la seguridad de los datos de los niños. Entre las principales señales de alerta destacan la inoperatividad repentina de contraseñas habituales, la pérdida injustificada de elementos o monedas dentro de plataformas de juego, la recepción de alertas de configuración no solicitadas y la ejecución de consumos económicos no autorizados. En casos más avanzados, la denegación de beneficios estatales o el rechazo de servicios financieros por antecedentes comerciales negativos en jóvenes evidencian una suplantación consumada.
La organización tecnológica enfatiza la necesidad de adoptar la minimización de datos como un hábito de protección familiar prioritario. Esto implica evaluar críticamente la necesidad real de abrir nuevos registros digitales, restringir los permisos de geolocalización en aplicaciones escolares y evitar la sobreexposición de las dinámicas infantiles en redes sociales de acceso público.
A nivel técnico, se recomienda la implementación de contraseñas robustas gestionadas mediante sistemas centralizados de administración familiar, la habilitación mandatoria de mecanismos de autenticación multifactor (MFA) y el uso de controles parentales configurados bajo el máximo nivel de privacidad disponible. Asimismo, se insta a fomentar espacios de diálogo abierto con los menores para instruirlos sobre tácticas delictivas comunes y asegurar que reporten cualquier anomalía sin temor a represalias, garantizando un desarrollo tecnológico seguro y consciente.
