¿Eres paciente cardíaco? Cuidado con la deshidratación

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Lima, enero de 2026.- La deshidratación puede generar efectos adversos en la salud de las personas con enfermedades cardíacas, especialmente durante periodos de altas temperaturas o en pacientes que reciben tratamientos farmacológicos específicos. La disminución de líquidos en el organismo altera el equilibrio de electrolitos y el volumen sanguíneo, lo que incrementa la carga de trabajo del corazón y puede descompensar cuadros que se encontraban previamente controlados.

En el Perú, el impacto de las enfermedades cardiovasculares continúa siendo significativo. Según datos del Ministerio de Salud (Minsa), en el país se registran, en promedio, más de 100 infartos agudos de miocardio al día, una cifra que refuerza la importancia de prestar atención a factores que pueden agravar el riesgo cardiovascular. Entre ellos, la hidratación cumple un rol clave, aunque muchas veces es subestimada por los pacientes.

“El corazón depende de un volumen adecuado de sangre para funcionar de manera eficiente. Cuando existe deshidratación, el esfuerzo cardíaco aumenta y se elevan los riesgos de arritmias, hipotensión o insuficiencia cardíaca”, explica el Dr. César Longaray Chau, cardiólogo de la Clínica Stella Maris. Esta situación puede agravarse en personas con diagnósticos previos como hipertensión arterial, insuficiencia cardíaca o enfermedad coronaria.

Cómo afecta la deshidratación al sistema cardiovascular

La falta de líquidos en el organismo puede provocar una reducción del volumen sanguíneo, lo que impacta directamente en la presión arterial y en la oxigenación de los tejidos. En pacientes cardíacos, este desequilibrio puede traducirse en mareos, fatiga intensa y alteraciones del ritmo cardíaco, síntomas que afectan la calidad de vida y pueden requerir atención médica.

Además, algunos medicamentos de uso frecuente en cardiología, como los diuréticos, favorecen la eliminación de líquidos. Si no existe un control adecuado, esta pérdida puede intensificar los efectos de la deshidratación. Por ello, los especialistas recomiendan un seguimiento más riguroso de la ingesta de líquidos en pacientes que reciben este tipo de tratamientos.

Según el Dr. Longaray, la deshidratación también incrementa el riesgo de eventos trombóticos en personas con factores de riesgo cardiovascular. La sangre más espesa, producto de la falta de líquidos, puede favorecer la formación de coágulos, lo que representa un peligro adicional para quienes ya presentan antecedentes cardíacos.

Señales de alerta que no deben ignorarse

Reconocer los signos tempranos de deshidratación es fundamental para prevenir complicaciones. Entre las señales de alerta que requieren atención médica se encuentran la sensación persistente de sed, la disminución marcada de la orina, los mareos frecuentes, las palpitaciones, la debilidad general o los episodios de confusión. En pacientes cardíacos, estos síntomas pueden ser indicativos de una descompensación que debe evaluarse de manera oportuna.

Durante el verano o en contextos de altas temperaturas, estos riesgos tienden a incrementarse. La pérdida de líquidos por sudoración, sumada a una ingesta insuficiente de agua, puede afectar de forma silenciosa el equilibrio cardiovascular, incluso en pacientes que siguen su tratamiento de manera regular.

Recomendaciones para reducir el riesgo

Para minimizar los efectos de la deshidratación, los especialistas aconsejan mantener una hidratación constante a lo largo del día, incluso cuando no se tenga sensación de sed. Asimismo, es importante ajustar la ingesta de líquidos según indicación médica, especialmente en pacientes que presentan restricciones hídricas por su condición clínica.

Otras recomendaciones incluyen evitar la exposición prolongada al calor, realizar actividad física en horarios adecuados y no modificar ni suspender medicamentos sin la supervisión de un profesional de la salud. Estas medidas contribuyen a mantener la estabilidad del paciente y a prevenir complicaciones evitables.

“La hidratación forma parte del tratamiento cardiovascular. Un control adecuado del consumo de líquidos contribuye a la estabilidad del paciente y previene descompensaciones que pueden tener consecuencias graves”, concluye el especialista.

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