Lima, octubre de 2026.- La obesidad y la salud mental no deben abordarse como problemas aislados. Diversos estudios científicos señalan una relación de doble vía entre ambas condiciones, donde las personas con obesidad registran un 55% más de riesgo de desarrollar depresión, mientras que quienes viven con depresión presentan un 58% más de probabilidad de desarrollar obesidad.
Factores metabólicos, estrés e inflamación crónica
Especialistas destacan que el factor clave en esta relación se vincula a las alteraciones metabólicas más que al Índice de Masa Corporal. La acumulación de grasa abdominal favorece estados de inflamación crónica y altera la regulación del cortisol ante el estrés sostenido, conectando el exceso de tejido graso con el malestar emocional.
A este panorama se suma el impacto del estigma y la discriminación por peso, elementos que incrementan la frustración y dificultan el acceso oportuno a la atención médica. En el plano local, un estudio antropológico impulsado por Adium Perú identificó perfiles emocionales vinculados a la condición, como los pacientes que experimentan culpa en silencio o frustración ante intentos fallidos por reducir peso.
Trastornos alimentarios y abordaje multidisciplinario
La relación entre ambas patologías también se manifiesta en la conducta alimentaria. Evaluaciones clínicas indican que uno de cada tres pacientes con obesidad que solicitan tratamiento presenta algún trastorno de la conducta alimentaria, siendo el trastorno por atracón uno de los diagnósticos más frecuentes.
Frente a esta realidad, la psicóloga clínica Núria Pujol señala que la atención de la obesidad exige el trabajo conjunto de médicos, nutricionistas y psicólogos. Un tratamiento integral no solo busca la modificación del peso corporal, sino que aborda los factores cognitivos y emocionales de cada paciente para garantizar su bienestar general.
