Lima, febrero de 2026.- El interés por adquirir una segunda vivienda en el sur chico de Lima continúa en crecimiento, impulsado por cambios en las prioridades familiares, el trabajo flexible y la búsqueda de espacios fuera del entorno urbano. Mientras los balnearios del litoral como Punta Hermosa y Punta Negra concentran la demanda por propiedades cerca al mar, zonas como Mala vienen posicionándose como una alternativa atractiva para el desarrollo de casas de campo con vista al valle, manteniendo cercanía a playas como Bujama y ofreciendo mayor privacidad y contacto con la naturaleza.
Este cambio de enfoque refleja una evolución en la forma en que las familias evalúan su inversión inmobiliaria. Ya no se trata únicamente de una vivienda de uso estacional, sino de una decisión asociada a calidad de vida, planificación patrimonial y flexibilidad de uso a lo largo del tiempo.
En ese contexto, Menorca Inversiones, empresa especializada en el desarrollo de proyectos inmobiliarios, identifica cinco factores determinantes que hoy influyen en la elección entre invertir en una casa de playa o una casa de campo al sur de Lima.
Frecuencia de uso del inmueble
Uno de los primeros criterios que evalúan las familias es la frecuencia de uso que tendrá el inmueble. En general, una casa de playa suele responder a estadías más estacionales, concentradas en fines de semana largos y meses de verano. En contraste, los proyectos de lotes de campo permiten una planificación progresiva y flexible, adaptándose a un uso más frecuente o incluso permanente.
Bajo esta lógica, propuestas como el condominio Mirador de San Antonio, ubicado en Mala, y Villas Punta Mar, en Punta Hermosa, resultan atractivas para quienes buscan adquirir terreno hoy y desarrollar su vivienda a medida, con una visión de largo plazo y adaptabilidad a distintas etapas de vida.
Entorno y experiencia residencial
El tipo de entorno también pesa en la decisión. La playa ofrece una experiencia más activa y social, con mayor dinamismo en determinadas épocas del año y una vida urbana concentrada durante la temporada alta. El campo, en cambio, propone una experiencia residencial más estable, con menor ruido, mayor contacto con áreas naturales y un ritmo de vida más pausado.
Esta diferencia influye directamente en el perfil del comprador. Quienes priorizan actividades recreativas, vida social y cercanía inmediata al mar suelen optar por el litoral, mientras que las familias que buscan descanso, desconexión y tranquilidad tienden a inclinarse por casas de campo.
Densidad, privacidad y control del espacio
Otro factor clave es la relación con el entorno inmediato. En los balnearios consolidados del sur chico, la oferta inmobiliaria se ha densificado, especialmente a través de edificios multifamiliares y condominios. No obstante, existen proyectos que buscan equilibrar comunidad y privacidad, apostando por una mejor organización del espacio y mayor control del entorno residencial.
Por su parte, los proyectos de campo —particularmente aquellos desarrollados en lotes— permiten mayor independencia, áreas más amplias y libertad para definir el diseño y uso del espacio según las necesidades de cada familia. Esta característica resulta especialmente valorada por quienes priorizan privacidad y personalización.
Proyección de desarrollo y conectividad
La proyección de desarrollo urbano y la conectividad con Lima también influyen en la decisión. El sur chico ha experimentado mejoras sostenidas en infraestructura vial y servicios, lo que ha reducido los tiempos de traslado y ha hecho viable el uso frecuente de segundas viviendas.
Zonas como Mala destacan por combinar crecimiento ordenado, acceso a servicios y cercanía tanto al mar como a entornos naturales, convirtiéndose en un punto intermedio entre la vida urbana y el descanso fuera de la ciudad.
Lógica de inversión y patrimonio familiar
Finalmente, la elección entre playa o campo responde a una lógica de inversión. Las viviendas de playa suelen evaluarse bajo un enfoque de rentabilidad por alquiler temporal y rotación estacional. En cambio, las casas de campo se asocian con mayor frecuencia a la construcción de patrimonio familiar, con un uso sostenido y una valorización progresiva del terreno.
Para muchas familias, esta alternativa representa una inversión de largo plazo que combina disfrute personal, planificación patrimonial y menor presión por generar ingresos inmediatos.
El crecimiento inmobiliario en el sur chico confirma un cambio en la manera en que las familias proyectan su segunda vivienda. Elegir entre una propiedad frente al mar o en el campo responde hoy a distintos estilos de vida, niveles de uso y objetivos de inversión, dentro de una oferta cada vez más diversa que integra conectividad, desarrollo urbano y espacios naturales a poca distancia de Lima.
