Lima, enero de 2026.- Comprender qué es la inteligencia artificial, cómo utilizarla de forma responsable y aprovecharla como aliada del aprendizaje se ha convertido en una competencia clave en el entorno académico y profesional. La IA ya forma parte de la vida cotidiana, pero el verdadero desafío no está en su presencia, sino en su uso consciente, crítico y ético frente a los cambios tecnológicos que transforman el mercado laboral.
En este escenario, la alfabetización en IA se consolida como una habilidad fundamental para estudiantes, docentes y profesionales que buscan adaptarse a un contexto cada vez más digitalizado. Más que aprender a manejar herramientas específicas, se trata de entender cómo funciona la inteligencia artificial, cuáles son sus límites y de qué manera puede integrarse como un apoyo estratégico para el aprendizaje continuo.
Comprender la inteligencia artificial más allá del mito
Para Javier Albarracín, director del Centro de Tecnología y Transformación Digital de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP), uno de los principales errores al acercarse a la IA es atribuirle cualidades humanas. “La inteligencia artificial no piensa ni razona como una persona; es una herramienta que procesa grandes volúmenes de datos y patrones”, explica.
Esta distinción resulta clave para perder el miedo y evitar expectativas poco realistas. Comprender qué es —y qué no es— la IA permite a los usuarios reconocer sus alcances, identificar posibles errores y ejercer un mayor control sobre los resultados que genera. En ese sentido, Albarracín subraya que la alfabetización en IA no implica convertirse en programador, sino desarrollar criterio para interactuar con la tecnología.
“Sean los CEOs de su propio aprendizaje. Vean a la IA como su asistente más inteligente y rápido, pero que a veces miente y al que hay que supervisar”, enfatiza el especialista, al destacar la importancia de mantener siempre una mirada crítica frente a las respuestas que ofrece la máquina.
Curiosidad y experimentación como punto de partida
El acercamiento a la inteligencia artificial debe partir, según Albarracín, de la curiosidad y la experimentación constante. Limitarse a una sola respuesta puede llevar a conclusiones incompletas o erróneas. “No te quedes con la primera respuesta. Continúa conversando, pregunta, cambia de enfoque y sigue aprendiendo”, recomienda.
Este proceso iterativo ayuda a comprender que la IA se basa en estadística y probabilidad avanzada, y que sus respuestas dependen en gran medida de la calidad de las instrucciones que recibe. De ahí la importancia de interactuar activamente con la herramienta, contrastar información y validar los resultados con fuentes confiables y conocimiento humano.
Prompting: una competencia clave en la alfabetización en IA
Dentro de este aprendizaje, saber formular buenas instrucciones —conocido como prompting— se ha convertido en una habilidad esencial para el futuro profesional. Albarracín señala que un prompt claro reduce la ambigüedad y mejora significativamente la calidad de las respuestas generadas por la IA.
Un buen prompt debe cumplir, como mínimo, cuatro elementos fundamentales:
- Rol: definir desde qué perspectiva debe responder la IA (por ejemplo, “actúa como un experto en marketing”).
- Contexto: explicar la situación o el problema que se desea abordar.
- Instrucción: detallar con precisión qué se espera obtener.
- Formato: indicar cómo se desea la entrega, ya sea un resumen, una tabla, un análisis o código.
Dominar esta estructura no solo optimiza el uso de la tecnología, sino que refuerza habilidades como la comunicación clara, el pensamiento lógico y la capacidad de síntesis, competencias altamente valoradas en el ámbito laboral.
La IA como aliada del aprendizaje, no como sustituto
Desde la perspectiva educativa, la IA debe cumplir un rol de acompañamiento. Puede apoyar en la evaluación de trabajos, detección de errores, sugerencias de mejora o refuerzo de conceptos, siempre bajo la supervisión del usuario. “La IA es excelente para la divergencia: lluvia de ideas, escenarios hipotéticos y exploración de posibilidades”, señala Albarracín.
Esta capacidad permite superar bloqueos iniciales y avanzar hacia etapas más profundas de análisis, donde el juicio humano resulta insustituible. La curaduría, el refinamiento y la validación de la información siguen siendo responsabilidades del usuario, especialmente en contextos académicos y profesionales.
Para el director del Centro de Tecnología y Transformación Digital de la UTP, el verdadero valor de la alfabetización en IA no está únicamente en automatizar tareas, sino en potenciar el aprendizaje, la creatividad y el pensamiento crítico. “La IA es una excelente herramienta para desarrollar mayor criterio al momento de validar lo que la máquina entrega”, concluye.
En un mundo donde la tecnología avanza a gran velocidad, aprender a usar la inteligencia artificial con responsabilidad y criterio se perfila como una de las claves para una transformación digital educativa más consciente y sostenible.
