Lima, enero de 2026.- A casi seis años del inicio de la pandemia, la salud mental de los universitarios en el Perú sigue siendo una preocupación prioritaria. Aunque el retorno a la presencialidad ha mejorado la motivación académica y la satisfacción con la vida, los niveles de ansiedad, depresión y estrés continúan siendo elevados. Así lo revela el II Estudio de Salud Mental en Universitarios del Consorcio de Universidades, publicado en 2025 y elaborado por la Universidad de Lima, la Universidad del Pacífico y la Pontificia Universidad Católica del Perú.
El estudio, aplicado a 6,978 estudiantes de pregrado, ofrece una radiografía actualizada del bienestar emocional juvenil en un contexto pospandemia. Los resultados muestran que casi cuatro de cada diez universitarios presentan ansiedad severa o extremadamente severa, mientras que tres de cada diez registran síntomas severos de depresión. Además, el 27 % reporta niveles críticos de estrés. Si bien estas cifras son ligeramente menores a las registradas en 2020, los investigadores advierten que siguen siendo alarmantes por su impacto en la vida académica y personal.
En paralelo, el informe evidencia una mejora parcial en la percepción del bienestar general. El 41 % de los estudiantes se declara muy satisfecho o altamente satisfecho con su vida, y solo el 9 % manifiesta algún grado de insatisfacción. Sin embargo, esta percepción positiva convive con indicadores preocupantes de malestar emocional persistente, lo que refleja una brecha entre desempeño académico y bienestar psicológico.
Uno de los aspectos más sensibles del estudio es la persistencia de indicadores elevados de ideación suicida. Un porcentaje significativo de estudiantes ha experimentado pensamientos negativos recurrentes sobre el valor de la vida, y una proporción menor ha considerado seriamente hacerse daño en algún momento de su vida. Aunque en la mayoría de los casos no existe una intención inmediata, los especialistas subrayan que estas cifras requieren una respuesta institucional y preventiva urgente.
De acuerdo con el Consorcio de Universidades, los altos niveles de ansiedad, depresión y estrés evidencian la necesidad de replantear el enfoque de la salud mental en el ámbito universitario. “Este desafío no corresponde únicamente a equipos especializados, sino que implica un compromiso compartido por todos los agentes de la comunidad universitaria: docentes, personal administrativo, servicios generales y seguridad”, señala Beatriz Canessa, docente de la Facultad de Psicología de la Universidad de Lima y jefa del Departamento de Orientación Psicopedagógica. La especialista subraya que la promoción, prevención y detección temprana son claves para evitar que las dificultades emocionales se intensifiquen y afecten el rendimiento académico, las relaciones sociales y la continuidad de los estudios.
Más bienestar académico, pero no emocional
El estudio identifica factores estrechamente asociados al malestar emocional. Entre los más relevantes figuran la somatización del estrés, la baja autoeficacia académica y las experiencias de violencia, especialmente psicológica. El 35 % de los estudiantes reportó haber vivido violencia psicológica durante el último semestre, mientras que el 11 % señaló episodios de violencia física.
Los hábitos de vida también juegan un rol determinante. Dormir pocas horas, omitir comidas y mantener rutinas desordenadas incrementan el riesgo de ansiedad y depresión. En promedio, los universitarios duermen 6,2 horas diarias, y menos del 38 % alcanza el mínimo recomendado para una adecuada salud mental, según el informe.
A pesar de este escenario, el estudio revela una paradoja: el 54 % de los estudiantes percibe su rendimiento académico como bueno o muy bueno, y el 38 % mantiene altos niveles de motivación por el estudio. “Los estudiantes continúan funcionando académicamente, pero lo hacen cargando altos niveles de ansiedad y desgaste emocional. Si esta situación no se aborda a tiempo, el costo para su salud mental y su trayectoria académica puede volverse insostenible”, advierte Canessa.
Brechas en la atención en salud mental
Otro hallazgo crítico es el limitado acceso a servicios de atención psicológica. Aunque la demanda aumentó respecto a 2020, solo el 28 % de los estudiantes recibió algún tipo de apoyo en salud mental durante el último semestre. Incluso entre quienes presentan indicadores severos de riesgo, una proporción importante no accedió a atención especializada. Las principales barreras identificadas incluyen la falta de tiempo, el estigma, el desconocimiento de los servicios disponibles y la normalización del malestar emocional.
Un llamado urgente a la acción
En el marco del Día de la Lucha contra la Depresión, los resultados del estudio constituyen un llamado urgente a las universidades, al Estado y a la sociedad. La salud mental, advierten los especialistas, no puede seguir siendo un tema secundario ni abordado de forma reactiva.
“Es imprescindible fortalecer las políticas institucionales de bienestar, capacitar a toda la comunidad educativa para identificar señales de alerta, implementar protocolos de intervención temprana y promover una cultura de autocuidado y corresponsabilidad”, enfatiza la jefa del Departamento de Orientación Psicopedagógica de la Universidad de Lima. Garantizar el bienestar emocional de los estudiantes no solo es una tarea sanitaria, sino una condición esencial para su desarrollo, permanencia en la universidad y futuro como ciudadanos.
