Día Mundial de la Obesidad: Conoce las causas de esta patología y cómo prevenir sus riesgos

La obesidad es una enfermedad crónica que se caracteriza por un exceso en la cantidad de grasa en la piel y que afecta a personas de todas las edades, influyendo directamente en su calidad de vida.

Esta patología se presenta cuando el índice de Masa Corporal (IMC) es superior a 30. Se clasifica en leve cuando el IMC está entre 30 y 34,9; moderada cuando lo está entre 35 y 39,9; grave cuando es mayor o igual a 40, y súper obesidad cuando lo es a 50.

“Las principales causas del aumento excesivo del tejido adiposo en las personas son los factores genéticos, el sedentarismo y los malos hábitos alimenticios. Esto suele suceder cuando se ingieren más calorías de las que se queman con la actividad diaria. Otros motivos son los problemas hormonales, la falta de sueño y el estrés”, explica David León, docente de Nutrición y Dietética de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP).

Asimismo, el especialista resalta los riesgos de padecer esta enfermedad: “Los pacientes con obesidad tienen mayores probabilidades de sufrir problemas metabólicos, como resistencia a la insulina, aumento del colesterol y triglicéridos, así como problemas cardiovasculares, como coronariopatías y accidente cerebrovascular. El riesgo de padecer diabetes mellitus de tipo 2 aumenta proporcionalmente con la elevación del IMC”.

En este sentido, David León brinda algunas recomendaciones que pueden ayudar a prevenir la obesidad:

Evitar los productos procesados. Los alimentos procesados industrialmente contienen azúcares, grasas y sales que son perjudiciales para la salud. Carecen de nutrientes y cuentan con aditivos para tener una duración prolongada. También originan deseos incontrolados de consumo, pudiendo llegar a ser adictivos. Todo ello contribuye a un aumento significativo del peso. 

Hidratarse constantemente. El consumo de agua es un elemento esencial para el control de peso, porque contribuye a eliminar toxinas y brinda una sensación de saciedad.  La cantidad ideal que una persona debe consumir es entre ocho a diez vasos al día. Es importante que la hidratación se realice con agua, evitando los refrescos y bebidas azucaradas.

Dar prioridad a los alimentos saludables en la dieta. Estos son ricos en proteínas y nutrientes que ayudan a que el organismo funcione correctamente. Se debe incluir en la dieta alimentos como las frutas, las verduras, las legumbres, los huevos y las carnes magras, entre las que se encuentran el pollo, el pavo y el pescado.

Ejercitarse de manera frecuente. El ejercicio ayuda a quemar grasas acumuladas. Para llevar una vida saludable se debe realizar, como mínimo, 150 minutos de actividad física moderada a la semana. Algunas actividades que se pueden incluir en el día a día para cumplir con ello son caminar, manejar bicicleta, bailar, subir y bajar escaleras o hacer yoga.

Manejar el estrés. Cuando el cuerpo se encuentra en tensión, su respuesta es liberar cortisol y esta sustancia contribuye al aumento de la grasa. Para poder controlar el estrés es importante organizarse, establecer prioridades, tener espacios para realizar actividades relajantes y hacer ejercicio.

Acudir con un especialista. Si se presenta un aumento de peso es importante identificar la causa, para prevenir la obesidad. Para descartar algún problema de tipo hormonal se debería acudir a endocrinología.  Además, es importante también acudir a un nutricionista para evaluar los hábitos alimenticios y que pueda brindar las recomendaciones adecuadas a cada necesidad. También se podría acudir a un psicólogo para poder manejar problemas como el estrés y la ansiedad.

Finalmente, el docente de la UTP comenta que “la solución está en la prevención, para esto se debe identificar los momentos claves en los que se debe implementar medidas preventivas. Asimismo, se tiene que promover, desde la infancia, la importancia de la alimentación y la actividad física para el cuidado de la salud”.

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